Esto fue lo que pasó:
Era tan suave que, la luz que la iluminaba, nunca llegó a acariciar su piel. Se acercaba tanto como podía, pero jamás la rozó. Como un pájaro que se acerca a la superficie del agua para beber y planea con un vuelo limpio, apenas rayando el agua con su pico, pero sin mojarse.
Cuando empece a dibujar, cogí mi lápiz queriendo presionarlo tan dulcemente como si la estuviese acariciando a ella misma, repasando la superficie, recorriendo sus limites y sus formas.
Aquella imagen que ella misma me regalaba y que, gracias a la luz, se clavaba por el túnel de mi oscura mirada, se me incrustó directamente en el cerebro.
Así es como lo recuerdo ahora. La miraba, la repasaba, estudiándola, embriagándome de ella, 'respirandola', su joven forma, sus curvas...su mirada.
Presionando la superficie de mi dibujo como la luz a ella, tan suavemente que su imagen nunca aparecería sobre mi papel, que quedó infinitamente en blanco, una imagen imposible de capturar...suave, en blanco.
Hace 2 meses
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