-No me mires así que me estas matando.
Apoyado contra su juventud desnuda, empujo dentro de ella con energía mientras me da la espalda y me clava la mirada con esos grandes, abiertos y lascivos ojos negros, cuyo reflejo me mira directamente al alma. Me desmonta por dentro y me quema, me marca. Convirtiéndome en un ser inerte, inmóvil y pétreo incapaz de hacer, deshacer, decidir, ni pensar.
Bendita mi suerte porque esa mirada me llega a través de un espejo o mi corazón decidiría no seguir latiendo.
Y es que a veces, la belleza absoluta, la vida, resulta difícil de soportar y hay cosas tan hermosas que no se pueden mirar directamente.
Afortunadamente no los vi.
Veía su cabello ondulado como serpientes negras, cayendo sobre sus hombros, derramándose y oscureciendo su espalda en cada movimiento; sus manos agarradas contra el esmalte blanco de la porcelana, clavando las uñas en la pila en cada embate, sujetándose; su espalda desnuda y tensa y el final de ella donde nos fusionabamos: acaba uno y empezamos dos. Pero sus ojos, los vi a través de un espejo que bien podría no haber reflejado nada.
Me siento viajero en el tiempo a través de un recuerdo, tan claro y cristalino en mi memoria como si un túnel me conectase con mi pasado, y siento como se pliega el tiempo en que pienso, sobre ese instante me pregunto ¿dónde quedará el medio?.
Como un Perseo moderno y enamorado, corto de mi cabeza ese recuerdo con la intención de utilizar su letal belleza como arma contra el resto de los mortales. Aunque no puedo dejar de sentir cierta tristeza, al no poder volver a repetir ese momento cercenado, desafiando a la vida para poder clavar la mirada sobre sus ojos en ese instante, siento tristeza por recordar un reflejo, una sombra de ese tiempo y pienso que valdría la pena no seguir viviendo.
Dejo escrito esto como un feliz y sincero epitafio de mi sentimiento: 'Hay que morir viviendo'.
Hace 2 meses
Me encontraràn muriendo en el intento...intentarè vivir hasta ùltimo momento...
ResponderEliminar